sábado, 18 de octubre de 2008

Seguidores de Al Sadr se manifiestan en Bagdad


Claman contra el acuerdo de seguridad que negocian Iraq y EE.UU.

Bagdad. (EFE).- El clérigo radical chií Muqtada al Sadr recomendó hoy al Parlamento iraquí a través de un comunicado leído ante decenas de miles de seguidores, que rechace el pacto de seguridad que están negociando las autoridades iraquíes y estadounidenses.

El texto fue leído por el jeque Hadi al Mohamadaui, uno de los ayudantes de Al Sadr, ante una multitud que se había concentrado desde primeras horas de la mañana, en respuesta a una llamada de este grupo, destacado por su retórica y posturas antiestadounidense. "Este es un mensaje para vosotros, hermanos del Parlamento. El Gobierno iraquí ha renunciado a sus obligaciones al remitir ese pacto al pueblo iraquí (parlamento) porque es una mancha de vergüenza en la frente de los ejecutivos que suscriben ese tipo de acuerdos", subrayó el jeque.

Asimismo, el comunicado de Al Sadr, asegura que es "un mentiroso quien os dice que el acuerdo pondrá fin a la ocupación (militar norteamericana) de nuestro país, o que devolverá la soberanía a Irak. El ocupante permanecerá en sus bases, y el que os dice que (el pacto) os devolverá la soberanía, miente".

El pacto tiene como fin definir el futuro a largo plazo de la presencia de las fuerzas estadounidenses en el país a partir de finales de este año, cuando expira el mandato otorgado por la ONU a EEUU para permanecer en Irak.

Una de las cuestiones más delicadas gira en torno a los privilegios de los soldados y miembros de los servicios de seguridad privada de EEUU desplegados en Irak. "Vete ya, ocupante", rezaba la pancarta que encabezaba la manifestación convocada por este grupo chií, en la que los participantes coreaban lemas como "Vete, vete ocupante. No, no a Estados Unidos. No, no a Satán".

Durante la manifestación fueron quemados dos muñecos de trapo que representaban al presidente estadounidense, George W. Bush, y a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.

Según fuentes policiales consultadas por Efe, la manifestación comenzó en el barrio bagdadí de Ciudad Sadr, el principal bastión de este grupo en la capital. "Su número es enorme, participan miles de personas en la manifestación para exigir el fin de la ocupación americana de Irak y expresar su rechazo al acuerdo de seguridad a largo plazo que está previsto sea firmado por Irak y EEUU", dijo a Efe la fuente, que prefirió permanecer en el anonimato.

Asimismo, indicó que los manifestantes se congregaron en la Plaza Al Mustansiriya, situada en la céntrica calle Palestina, donde enarbolaron banderas iraquíes y pancartas en las que expresaban su rechazo a EEUU y al acuerdo.

"He venido desde la ciudad de Samarra (120 kilómetros al norte de Bagdad) para participar en esta manifestación que muestra el consenso de Irak en su deseo de que las tropas estadounidenses de ocupación abandonen el país", dijo a Efe un ciudadano que se identificó como Ibrahim Nazami. Nazami agregó que esta movilización "representa una posición patriótica. Todos la respaldamos porque necesitamos una postura unificada especialmente en lo que se refiere a asuntos cruciales como la liberación del país".

En ese sentido, destacó que en la manifestación participan árabes y kurdos, además de representantes de todas las comunidades étnicas y confesionales iraquíes.

Por su parte, fuentes de la Policía, que llegaron al lugar para proteger la manifestación, señalaron que a la marcha se le unieron grupos provenientes de otros barrios de Bagdad y provincias. Miembros de las fuerzas de seguridad y de los servicios de protección civil siguieron de cerca al los manifestantes en previsión de cualquier emergencia.

Analistas locales consideran que Al Sadr, con esta movilización, intenta demostrar el poder de convocatoria que tiene entre la población iraquí, y aprovechar el ambiente de rechazo popular a la presencia militar estadounidense y al pacto de seguridad que negocian Washington y Bagdad.

jueves, 16 de octubre de 2008

Islam ofendido y libre expresión

Islam ofendido y libre expresión

Autor: Natan Lerner

En la mayoría de los Estados liberales, democráticos, existen limitaciones que impiden aprovechar la libertad de expresión para atemtar contra el orden público, la reputación de personas y grupos y el derecho a no ser discriminado o perseguido por razones de raza o religión. De más está subrayar que toda clase de minorías y poblaciones vulnerables están a favor de esta posición.

Quiero compartir con mis lectores una interesante experiencia personal, políticamente significativa. El alto comisionado para Derechos Humanos de las Naciones Unidas invitó a 11 expertos en derechos humanos y discriminación racial y religiosa a un seminario sobre ``Libertad de expresión e incitación a odio religioso'' que se llevó a cabo en Ginebra a principios de este mes. El grupo invitado incluyó a varios informantes especiales de las Naciones Unidas en las áreas de libre expresión y discriminación y varios universitarios que se ocupan del tema, entre ellos el autor de estas líneas.
La oficina del alto comisionado resolvió abrir el seminario a representantes de los Estados miembros y organizaciones no gubernamentales y unos 300 interesados se registraron, por lo que se debió trasladar el seminario del Palacio Wilson -la vieja sede de la Liga de las Naciones Unidas- al Palais des Nations, el edificio principal de las Naciones Unidas en Ginebra. Los delegados de Estados y ONGs no siempre se conformaron con formular preguntas y observaciones a las exposiciones de los expertos. Algunos, especialmente diplomáticos musulmanes, aprovecharon la coyuntura para vocear toda clase de opiniones, no siempre directamente relacionadas con el tema del seminario.
El seminario estuvo precedido por un intenso interés y preocupación en círculos relacionados con la esfera de derechos humanos y libertad religiosa. Desde hace algunos años, en relación con la tensión internacional provocada por el criminal atentado contra las Torres de Nueva York, y la consiguiente reacción contra el terrorismo de origen musulmán, los numerosos Estados islámicos y su organismo coordinador lanzaron una enérgica ofensiva reclamando legislación internacional contra lo que describen como ``difamación de religiones'', dirigida a coartar la libertad de expresión más allá de lo legal a fin de impedir ofensas, insultos o simplemente críticas contra religiones, el Islam nombrado específicamente. El episodio de las caricaturas contra Mahoma en un periódico danés y sus violentas consecuencias, y otros incidentes similares, están en gran medida en el trasfondo de la posición de los países musulmanes.
La preocupación internacional estaba justificada por el temor a que se intentara cercenar la libertad de expresión más allá de lo que está permitido en instrumentos como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y tratados regionales inspirados en el mismo principio: la libertad de expresión es un derecho fundamental pero no absoluto y es legítimo restringirla cuando constituye incitación al odio racial o religioso conducente a discriminación, hostilidad o violencia.
Es para clarificar estos conceptos que se convocó el seminario de Ginebra, que debía examinar especialmente la interacción entre los Articulos 19 y 20 del Pacto mencionado, el primero ratificando el derecho a la libertad de expresión y el segundo, estableciendo cuales son las excepciones al principio.
Los musulmanes comprendieron que sus aspiraciones con respecto a la ``difamación'' de religiones -concepto no muy claro jurídicamente ya que puede implicar poner coto a críticas legítimas- serían inaceptables y, en vísperas del seminario y durante el mismo, sus voceros abandonaron sus exigencias y optaron por el punto de vista que permite limitar la incitación al odio por razones religiosas o raciales que puede llevar a actos de discriminación, hostilidad o violencia.
Este punto de vista es el defendido por muchos países democráticos, aunque hay algunos que no pueden aceptar en general las restricciones a la libertad de expresión, como los Estados Unidos por ejemplo. Pero en la mayoráa de los Estados liberales, democráticos, existen limitaciones que impiden aprovechar la libertad de expresión para atentar contra el orden público, la reputación de personas y grupos y el derecho a no ser discriminado o perseguido por razones de raza o religión. De más está subrayar que toda clase de minorías y poblaciones vulnerables están a favor de esta posición.
En mi ponencia formal y en mis intervenciones en el debate me detuve en particular en la posibilidad y necesidad de aprovechar disposiciones ya existentes en el derecho internacional, como por ejemplo en la Convención contra Discriminación Racial y en la Convención contra Genocidio, además de lo dispuesto en el Pacto de Derechos Humanos, para satisfacer la necesidad de evitar ataques graves contra religiones, más allá de críticas filosóficas o ideológicas plenamente aceptadas en toda sociedad democrática. También subrayé que todo grupo identificable -sea étnico, cultural, nacional o religioso- debe estar protegido contra la instigación ilegal, y que no hay razón alguna para crear una situación especial con respecto a las religiones -como concepciones- y a los grupos basados en la religión.
Es interesante señalar que, a diferencia de lo que suele ocurrir en otras reuniones de este tipo, no hubo observaciones antisemitas o anti israelíes. El embajador de Argelia hasta se permitió elogiar mi posición, mencionándome por nombre. En respuesta a lo afirmado por un vocero musulmán en el sentido de que, así como se prohibe por ley la negación del Holocausto, hay que prohibir la ``difamación'' de religiones, debí aclarar que no se puede comparar el exterminio de millones y los intentos de negarlo, por un lado, y, por el otro, ofensas, no aceptables y condenables pero que carecen del peso horrendo del genocidio.
En resumen: un seminario de once especialistas se convirtió en una asamblea de delegados de Estados y ONGs. Los musulmanes abandonaron su reclamo de nuevas limitaciones al derecho de expresión y aceptaron la posición occidental.
Fue una experiencia ilustrativa y probó que solamente con el número no se puede atentar contra los derechos fundamentales.

lunes, 13 de octubre de 2008

MEDIO ORIENTE: Israel, el lastre de EEUU

RAMALÁ, Palestina, 13 oct (IPS) - Los beneficios de la estrecha alianza entre Estados Unidos e Israel están una vez más en cuestión, cuando este último país parece decidido a atacar a Irán.

La idea de una ofensiva israelí se fortalece desde que el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed ElBaradei, instó a Teherán a mostrar más transparencia en su programa de desarrollo nuclear. Estados Unidos desplegó un sistema de radar de amplio rango en territorio israelí, capaz de proveer alertas tempranas en caso de un ataque con misiles.

Washington también acordó, luego de varios pedidos del gobierno israelí, venderle 1.000 bombas destructoras de bunkers GBU-39, capaces de penetrar concreto reforzado. Algunas instalaciones del programa nuclear iraní estarían en bunkers de concreto subterráneos.

Israel también pretende adquirir de Estados Unidos modernos jets para recarga de combustible de aviones, que serían necesarios en caso de un ataque a Irán, así como un corredor aéreo seguro en Iraq para evitar que sus aeronaves sean atacadas accidentalmente por los jets estadounidenses. Pero estos pedidos son aún rechazados por Washington.

A comienzos de este año, el primer ministro israelí Ehud Olmert celebró una reunión secreta con Aviam Sela, el arquitecto de la ofensiva de 1981 contra el reactor nuclear iraquí de Osiraq. El tema del encuentro fue un posible ataque contra Irán, según información que se filtró a la prensa.

En junio, la Fuerza Aérea Israelí llevó a cabo un ejercicio militar con más de 100 aviones de combate F-15 y F-16 sobre el oriente de Grecia, en lo que fue considerado un preparativo para el ataque a Irán. La distancia cubierta fue de unas 900 millas, la misma que separa a Israel de la planta de enriquecimiento de uranio en la central ciudad iraní de Natanz.

En su libro "The Israel Lobby and U.S Foreign Policy" (El lobby israelí y la política exterior de Estados Unidos), los académicos John J. Mearsheimer, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago, y Stephen M. Walt, de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, señalan que el centro de la política estadounidense en Medio Oriente es su relación íntima con Israel.

"Uno podría asumir que el vínculo entre los dos países se basa en intereses estratégicos compartidos o en imperativos morales mutuos, pero ninguna de las dos explicaciones puede responder al extraordinario nivel de apoyo militar y diplomático que provee Estados Unidos" a Israel, indicaron Mearsheimer y Walt.

Muchas organizaciones clave del lobby israelí, como el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC) y la Conferencia de Presidentes de las Grandes Organizaciones Judías, son dirigidas por líderes de línea dura que por lo general apoyan las políticas expansionistas del gobernante Partido Likud y su rechazo al proceso de paz de Oslo. Muy pocas decisiones de Washington en torno a Medio Oriente son tomadas sin un gran aporte de AIPAC, señalaron los académicos.

El periódico The New York Times calificó a AIPAC de la organización más importante e influyente en las relaciones de la Casa Blanca con Israel, en tanto que la revista Fortune señaló años atrás que era el segundo grupo de presión más importante en Estados Unidos luego de la Asociación para la Jubilación de Estadounidenses Ancianos.

AIPAC, en nombre de Israel, puede recolectar recursos de 52 organizaciones judías, que juntas apoyan políticas belicistas e influyen en los miembros del Congreso legislativo estadounidense con sustanciales donaciones financieras y a través de campañas con envíos de cartas a los congresistas.

Si bien AIPAC no contribuye financieramente en forma directa, sí lo hacen los 126 Comités de Acción Política que coordina, y que pueden donar cada uno 10.000 dólares, en tanto que individuos pueden aportar 2.000 cada uno.

El diario The Washington Post señaló que los candidatos del opositor Partido Demócrata "dependen de partidarios judíos que proveen casi 60 por ciento del dinero". Y, como los votantes judíos acuden en gran número a las urnas y están concentrados en estados clave como California (oeste), Florida (sudeste), Illinois, Nueva York y Pennsylvania (noreste), los demócratas no deben ponerse en su contra.

Israel es además por lejos el mayor receptor de ayuda extranjera de Washington, con unos 3.000 millones de dólares anuales del presupuesto para asistencia exterior. Esto excluye los acuerdos de préstamos y otros paquetes militares de presupuestos diferentes, que suman otros miles de millones de dólares al año.

Los demás beneficiarios de la ayuda extranjera estadounidense deben informar cómo son gastados los recursos, pero Israel no lo hace. Parte del dinero es volcado en la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania, aun cuando Washington afirma estar en contra de esta práctica.

AIPAC responde a todas las críticas en su contra con denuncias de "antisemitismo", y acusa a judíos estadounidenses como Mearsheimer y Walt, que cuestionan la política estadounidense pro-israelí, de "auto-odiarse" por su origen. Muchos críticos han pasado a integrar la "lista de enemigos" de la organización.

Además, AIPAC ha estado involucrada indirectamente en actividades de espionaje en Estados Unidos, y en el suministro de información confidencial a Israel.

En 2006, Lawrence Franklin, ex empleado del Departamento de Defensa de Estados Unidos, fue sentenciado a 12 años de prisión luego de que información que él obtuvo fuera filtrada a Israel a través de dos miembros de AIPAC.

Mearsheimer y Walt cuestionan la extraordinaria generosidad del gobierno de George W. Bush para con Israel. Los académicos sostuvieron que, si bien la política pro-israelí fue beneficiosa durante la Guerra Fría, porque ayudó a frenar la expansión de la Unión Soviética en Medio Oriente, tuvo efectos muy negativos, como la respuesta de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo Árabes con un embargo contra las economías occidentales.

Durante la Guerra del Golfo, en 1991, Israel significó una carga, porque Estados Unidos no pudo usar las bases en ese país, resquebrajando así la coalición contra Iraq. Este escenario se repitió en 2003, cuando a pesar del entusiasmo israelí para invadir Iraq, Bush evitó pedir ayuda de Tel Aviv para no provocar represalias árabes.

Y, aunque el argumento de Bush de que los dos países afrontan una común "amenaza del terrorismo", la invasión a Iraq fortaleció a los extremistas islámicos en Medio Oriente y removió el principal obstáculo para la propagación de la influencia iraní en la región, que era justamente Bagdad.

"De hecho, Israel es un lastre en la guerra contra el terrorismo y en el esfuerzo más amplio de negociar con los estados hostiles. Más aun, Estados Unidos tiene un problema con el terrorismo en gran medida porque es tan aliado a Israel, y no al revés", sostienen Mearsheimer y Walt.

"La combinación de un apoyo inquebrantable a Israel y el esfuerzo relacionado de expandir la ‘democracia’ en toda la región ha indignado a la opinión pública árabe e islámica, y socavado no sólo la seguridad de Estados Unidos, sino también de gran parte del resto del mundo", añaden.

Muchos de los arquitectos de la invasión a Iraq son neoconservadores que tienen ciudadanía israelí y estadounidense. Son los mismos que ahora están involucrados intensamente en el caso de Irán.

domingo, 12 de octubre de 2008

Mueren unos cien talibanes

Mueren unos cien talibanes en dos operaciones de las fuerzas afganas y la OTAN en la provincia de Helmand

Un centenar de integristas han muerto en los últimos días en dos operaciones de las fuerzas afganas y de la OTAN en la provincia de Helmand, uno de los bastiones de la insurgencia talibán.
El portavoz del gobernador de la región, Daud Ahmadi, explicó hoy a Efe que un grupo de insurgentes atacó varios puestos policiales que forman el cordón de seguridad alrededor de la capital de la conflictiva Helmand, Lashkar Gah.
Los agentes respondieron al ataque con el apoyo de soldados de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), bajo mando de la OTAN.
Al intercambio de fuego, que se inició anoche, le siguieron ataques aéreos de la ISAF. Según Ahmadi, 62 supuestos talibanes murieron durante el transcurso de esta ofensiva, en la que de momento las fuerzas afganas y extranjeras no han sufrido bajas entre sus filas.
En un comunicado, la ISAF confirmó su participación en la operación y aseguró haber conseguido desbaratar "un ataque combinado planeado por las fuerzas enemigas" contra complejos de las fuerzas de seguridad afganas.
La OTAN detalló que un grupo de insurgentes se aglomeró en las afueras de la capital de Helmand para lanzar un ataque con morteros, al que las fuerzas internacionales y afganas respondieron en un "excelente ejemplo de operación conjunta", que aún continúa.
"Durante el contraataque, las fuerzas de la ISAF llevaron a cabo con éxito un bombardeo en el que múltiples fuerzas enemigas murieron", reza el comunicado, que no especifica el número de víctimas mortales.
Bastión de la insurgencia talibánTanto la ISAF como la coalición liderada por EEUU, bajo mando directo de Washington, acostumbran a lanzar ataques aéreos cuando las tropas de tierra piden apoyo o en las operaciones de mayor calado. "Si los insurgentes planeaban un ataque espectacular antes del invierno, esto ha sido un espectacular fracaso", dijo un portavoz de la ISAF, Richard Blanchette.
La mayoría de los soldados de la ISAF destacados en Helmand, uno de los principales bastiones de la insurgencia talibán, son británicos. El Reino Unido tiene unos 8.000 militares desplegados en Afganistán, la mayoría de ellos bajo mando de la OTAN. También en Helmand, las fuerzas afganas y de la OTAN lanzaron el pasado 9 de octubre una operación contra los insurgentes.
El jefe de Policía de la región, Asadulá Shirzad, aseguró hoy a Efe que la ofensiva en el distrito occidental de Nad Ali concluyó ayer y que se ha cobrado la vida de unos 40 insurgentes.
Los combates han obligado a muchas familias a abandonar la zona, según Shirzad, que ya había informado a Efe de la muerte de 27 supuestos talibanes durante los primeros días de la ofensiva.
El jefe de Estado mayor de las Fuerzas Armadas de EE.UU. ha advertido de que los enfrentamientos se endurecerán aún más en 2009
En Helmand y Kandahar, las provincias con mayor presencia talibán, la insurgencia tiene también su principal fuente de financiación: el cultivo del opio. Pero los integristas han extendido sus actividades a otras regiones del este y el oeste afgano e incluso han golpeado este año la provincia de Kabul, donde se encuentra la capital.
El jefe de Estado mayor de las Fuerzas Armadas de EEUU, el almirante Mike Mullen, advirtió recientemente que, a pesar de la presencia de más de 60.000 tropas extranjeras en Afganistán, los combates serán aún más "duros" en 2009 a no ser que se hagan "ajustes".
En declaraciones recogidas por los medios norteamericanos, Mullen llamó a adoptar una estrategia a largo plazo que no se limite a aspectos militares.
El almirante se hizo eco así de las declaraciones de una parte de la clase política y militar de EEUU en los últimos meses, que han puesto el acento sobre la importancia de la guerra en Afganistán y han señalado la frontera con Pakistán como una prioridad estratégica.
El aspirante demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama, reiteró en su último debate televisado con John McCain que apuesta por una retirada progresiva de las tropas en Irak para concentrar las fuerzas militares en Afganistán. Obama ha insistido en que es prioritario golpear a la red terrorista Al Qaeda en uno de sus corazones, la inestable frontera afganopaquistaní.

Me gustaría conocer su nombre

Hay un islam que está enfermo; su cara más trágica es la de un adolescente suicida

Me gustaría conocer su nombre. Pero los mártires de Alá no necesitan nombre, ni otra seña de identidad que no sea la de su aspiración al sacrificio. También me gustaría decir que fue el último atentado en Iraq, pero la muerte cabalga a velocidad de la luz, en la vieja Mesopotamia. Las crónicas del atentado, pues, que dejó 12 muertos en el barrio de Al Jadida el pasado jueves, solo nos daban un dato: era un adolescente. Ni el primero, ni el último, uno más de los muchos usados en la locura de la yihad. En agosto, una niña de 13 años se entregó a la policía en Baquba con un chaleco de explosivos en su cuerpo. Dijo que no quería morir, y ello salvó su propia vida y la de muchos.
El uso de adolescentes en los atentados suicidas no es ninguna novedad, pero siempre resulta una honda tragedia. Los expertos aseguran que la "fabricación" de un suicida implica años de adoctrinamiento, no en vano el sentido de la vida es el instinto más primario del ser humano. Si la media es de seis a ocho años de socialización del martirio, para conseguir que la aspiración de la muerte sea más fuerte que el deseo de la vida, significa que esos adolescentes son entrenados desde que tienen 8 o 9 años. Son conocidos, por ejemplo, los campos de colonias de Hamas, donde los niños no conocen a Harry Potter, pero se aprenden de memoria los nombres de los suicidas, como si fueran la alineación de su equipo de fútbol. Himnos loando sus "hazañas", festejos con cada atentado, y una cultura de la muerte que, usando el nombre de Alá en vano, enseña a los niños que la vida tiene un escaso valor. Ningún adolescente se ofrece voluntario a morir, pero muchos se ofrecen voluntarios a la gloria, aunque esta pase por el trámite de la muerte. Hay un islam que está muy enfermo.

Por supuesto, a su lado palpita un islam que lucha por la vida, que ama a sus hijos, y que siente horror del totalitarismo que inspira el fenómeno yihadista. En Iraq, por ejemplo, se han creado "Las hijas de Iraq", formado por voluntarias que luchan contra las bombas humanas. Pero la ideología que minimiza el horror del suicidio, y que considera el martirio como una fuente de inspiración divina, es desgraciadamente frecuente y arraiga en una visión tortuosa y sin duda letal de la propia religión. La misma visión que, hace siglos, envió a los cruzados a asesinar a los propios musulmanes. Pero después de los cruzados llegó Voltaire, y el Enciclopedismo, y la Carta de Derechos Humanos, y la tecnología y la gran revolución de las autopistas de la información.

El horror es que esa tecnología del siglo XXI se ha puesto al servicio de una mirada medieval de la religión, enfermiza, totalitaria y, como tal, malvada. Y la inspiración de esa maldad perversamente retrógrada no es solo culpa de los cerebros de Al Qaeda. Algunas de las grandes teocracias del petrodólar, con sus mujeres esclavas, sus fetuas delirantes y su desprecio a la libertad, inspiran y financian la visión antimoderna del islam. Hace pocas semanas, por poner el ejemplo más grotesco, el clérigo saudí Mohamed al Munajid emitió un edicto contra Mickey Mouse, a quien considera un "soldado de Satán". Según este sabio, Mickey ensalza a las ratas, animales que la charia anima a matar. Otro ulema, el jeque Salih ibn al Luhaydan, presidente de los tribunales islámicos saudíes, decretó que es "legítimo matar" a los propietarios de las cadenas de televisión por satélite que emiten programas inmorales. Y así hasta el infinito. Es decir, en nombre de Dios, y con la televisión o internet de altavoz, la incitación a la muerte, incluso de un dibujo animado, es una constante. Por eso repito que hay un islam que está enfermo. Su cara más trágica es la de un adolescente suicida. Pero si no existiera una "filosofía" de la muerte, estrechamente vinculada a la religión, el fenómeno sería insólito. Al fin y al cabo, si un niño aprende a matar a Micky Mouse, ¿por qué no convertirse en un héroe adolescente?